Orio

Origen y fundación de la villa

La villa de Orio era, en un principio, una parroquia denominada San Nicolás que estaba comprendida dentro del territorio asignado a la entonces villa de San Sebastián en su carta-puebla de 1180. Por consiguiente, Orio en su origen fue una aldea portuaria dependiente de la jurisdicción de San Sebastian, de escasa población.

Ruta jacobea de la costa

Fue población de tránsito de los peregrinos de Santiago provenientes de Donostia (San Sebastián), quienes, después de atravesar la falda de Mendizorrotz en descenso hacia Orio, cruzaban la ría en barca para seguir camino en dirección a Zarautz.

A su paso por la ría los peregrinos tuvieron el privilegio de ser exceptuados del pago de un maravedí por persona que se cargaba a los viandantes por su traslado en barca hasta la orilla opuesta. En la actualidad quedan restos de calzada jacobea y se encuentra en pie la ermita de san Martín de Tours, punto de referencia de los caminantes y lugar desde el que se contempla una de las vistas más espectaculares de Orio y su costa.

Fundación de la Villa de Orio

Para desarrollar el enclave portuario de Orio dependiente de Donostia, Juan I de Castilla, por privilegio dado en Burgos a 12 de julio del año 1379, otorgó Carta-puebla para la fundación de una villa con el nombre de Villarreal de San Nicolás de Orio, a cuyos pobladores otorgó el Fuero de San Sebastián.

Pescadores de ballenas en el siglo XVI

Los astilleros del País Vasco eran en el siglo XVI de los mejores de Europa y nuestros pescadores se contaban entre los más hábiles de la época.

En aquel tiempo, todos los años zarpaban de los puertos del País Vasco, y entre ellos de Orio, una veintena o treintena de barcos que se dirigían a las lejanas tierras de lo que hoy es Canadá. Iban a la pesca de la ballena. Estos grandes barcos de 200 a 700 toneladas cruzaban el Océano Atlántico para llegar a Gran Baya, una bahía que se sitúa entre la isla de Terranova y la península de Labrador. Cada barco portaba una media de 80 marineros.

Partían de sus casas al inicio de la primavera y en muchos casos no volvían a ellas hasta bien entrado el invierno. A menudo pasaban las Navidades en aquellas tierras. Montaban sus cabañas en lo que hoy conocemos con el nombre de Red Bay y Chateau Bay.

Las ballenas se pescaban con arpón y eran necesarias tres embarcaciones con seis marineros cada una para rodear y dar muerte a cada una de ellas y otras dos más para transportarlas a tierra. Una vez en tierra, se cortaban en trozos y se cocían para obtener un preciado aceite denominado “sain”. Con el dinero obtenido por la venta del aceite que podía transportar cada uno de estos grandes barcos se podían adquirir, en aquel entonces, dos galeones.

La canadiense experta en estos temas Selma Huxley es quien mayor esfuerzo ha realizado para dar a conocer la historia de estos balleneros vascos, gracias a ella conocemos los nombres de algunos de aquellos marineros oriotarras y de sus familiares: Joanes de Echaniz, Madalena de Urdaire, Domingo de Aganduru, María de Arranibar, Domicuca de Arbe, María Joango de Aganduru, Nicolás de Hendaya, Francisco de Jaureguieta, Lazaro de Segura…

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